TDAH
Un cerebro que funciona diferente, no peo
El TDAH afecta a las funciones ejecutivas, es decir, al conjunto de habilidades cognitivas que nos permiten planificar, organizar, inhibir respuestas, regular las emociones, mantener la atención y gestionar el tiempo. Y aunque no es en sí mismo un trastorno del lenguaje, sus implicaciones sobre la comunicación y el aprendizaje son muy significativas.

¿Qué es el TDAH?
El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, conocido por sus siglas TDAH, es uno de los trastornos del neurodesarrollo más frecuentes en la infancia y la adolescencia, y también uno de los más incomprendidos. Durante demasiado tiempo se ha reducido a la imagen del niño que no para quieto y no atiende en clase, cuando en realidad el TDAH es mucho más complejo, más diverso y con un impacto que va bastante más allá del rendimiento escolar.
¿En qué puede ayudar la logopedia a una persona con TDAH?

En varios niveles. Desde el punto de vista del lenguaje, muchos niños con TDAH presentan dificultades en el discurso narrativo, es decir, en la capacidad de contar algo de manera ordenada, coherente y completa. Tienen ideas, muchas ideas, pero a veces les cuesta estructurarlas en un relato comprensible para el otro. También pueden presentar dificultades pragmáticas: hablar en el momento inadecuado, interrumpir, no respetar los turnos de conversación o malinterpretar el lenguaje indirecto.
A nivel lectoescritor, el TDAH puede ir acompañado de dificultades en la lectura y la escritura que no tienen que ver con la dislexia pero sí con la falta de atención sostenida, la impulsividad y las dificultades de organización. La logopedia trabaja estas áreas con estrategias específicas y adaptadas al perfil atencional del niño.
Y a nivel comunicativo más amplio, la logopedia puede trabajar habilidades de regulación del habla, de escucha activa y de gestión de la conversación que tienen un impacto real en las relaciones del niño con sus compañeros, su familia y sus docentes.
Especialistas en TDAH
En VERBIA trabajamos con niños, adolescentes y adultos con TDAH desde una mirada positiva y sin etiquetas limitantes. Porque tener un cerebro que funciona diferente no es un déficit: es una forma de estar en el mundo que, con el acompañamiento adecuado, puede desplegar todo su potencial.